Negociemos, my friend

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La expedición se concentra temprano en Tülay’s para dar cuenta de su desayuno, antes de dejar atrás Mardin. Devoramos las deliciosas aceitunas negras y la tortilla de cuento de hadas, justo a tiempo para asaltar un autobús de línea que nos deja en la otogar. De nuevo ‘sólo’ hay que esperar cinco minutos, que al cambio es una hora de las nuestras, pero al final aparece un dolmus que parece un mantón de manila por dentro, con destino a Diyarbakir.

A la capital del kurdistán turco llegamos fácilmente, lo complicado es entrar en la ciudad. Nos confiamos, negociamos de mentirijillas y el gremio taxista nos la vuelve a meter doblada, parecemos nuevos en esto. Cuando nos bajamos de los dos taxis, algunso cientos de metros más allá de la estación de buses y una vez hemos franqueado las murallas de basalto negro que dan forma al centro histórico, el ambiente está agitado, sobre todo en el sector femenino.

-Te has pasado y lo sabes, coleguita. Me he quedado con tu cara.

Señora, le hago una rebajita, pero págueme primero. Los ánimos encendidos están a punto de crear un simpa categoría ‘me voy sin pagar porque no me doy cuenta’, que son los más comunes entre la población y los más fáciles de perpetrar, según un estudio de la universidad de Wisconsin. No llega la sangre al río y seguimos con nuestra parada técnica en la ciudad. Nos dirigimos al centro cultural que el ayuntamiento ha montado para animar la producción cultural, y a la llegada nos recibe el camarada comisario político del lugar:

-Cataluña y Kurdistán misma cosa, my friend, no hay nada que negociar, son nuestros derechos civiles. Ahora, lo que no sé es qué carajo hacéis aquí. ¿Vosotros no leeis las noticias, no? Los turcos han bombardeado la mitad del casco antiguo y está clausurado, no se puede entrar.

En una sal del centro, los dengbêj, los cantantes tradicionales de la región, perdón, nación, se van turnando para desgranar su repertorio. Algunos turistas, pero sobre todo familias kurdas exiliadas que vuelven a ver a los abuelos, atienden ese concierto en privado. En la habitación a la que nos invitan a entrar, retumba una letanía casi monocorde. La gente entra y sale, se saludan sin miedo a romper el compás, ni a que la voz principal deje de apoyarse en el coro que le responde al final de cada verso.

Queda poco por ver en la ciudad, pero el camara comisario político insiste en que lo veamos y nos acompaña para guiarnos.

-Los niños son estudiantes, ¿aplica la tarifa reducida, cierto?

Cierto. Entramos en el museo y luego en la única iglesia sirio cristiana que hemos visto en nuestra puñetera vida, donde todavía los oficios son en arameo. Diyarbakir es divesidad cultural por todos lados, y parece que eso incomoda a las autoridades. Los exiliados de turismo nos aclaran, en un perfecto inglés británico, que el gobierno prefiere gastarse el dinero en las autopistas que nos han traido hasta aquí y por las que no pasa nadie, antes que reconstruir las casas de la gente que ha destruido a golpe de mortero. Que no haya ruído no quiere decir que los problemas no sigan.

Un durum para matar el hambre y se acaba la visita, llega el momento de dirigirse hacia Nemrut Dagi. De momento, conseguimos llegar a Siverek, el problema va a ser salir.

-Tú las has liado, tu. Que no has dicho que nos llevabas directo y ahora dices que nos dejas abajo en la carreterea, liante

La barra femenina está on fire hoy. El guapo de la estación de autobuses intenta mediar, pero ni por esas las señoras bajan la intensidad. Parece que hay acuerdo para que armar una expedición especial que nos lleve a la cima antes de que se vaya el sol, pero en esas el chofer liante nos intenta vender el hotel en el mismo movimiento. Cagada pastoret, liante, porque era el mismo que ya teníamos reservado, que nos avisa que ya viene a buscarnos a la carretera y que no corramos que no llegamos ni de coña a la puesta de sol. Mejor dejarlo para mañana por la mañana, como hace todo el mundo.

Al final, todo sale bien, hasta sellamos la negociación topanista en medio de la terminal de buses con un té. Acabamos el día sin negociar nada más, cenando y poniendo el despertador muy pronto. Mañana veremos salir el sol en lo más alto.

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