Hoy cruzamos el Tigris

IMG_5601 (640x480)

-Recordad ponerme una buena puntuación en internet.

El Norman Bates de Bitlis nos saluda de esa guisa cuando estamos desayunando en el comedor de su motel de cinco estrellas. También nos indica que no tenemos que volver a tomar otro taxi para ir al encuentro del bus que nos llevará a Hasankeyf, ya se encarga él de que haga parada junto a la puerta de su establecimiento. Esto es buen servicio, rechace la imitaciones, te vamos a poner seis estrellas en internet y donde sea, amigo.

A la quinta indicación de ‘sólo serán diez minutos más’ y cuando llevamos una hora de retraso, estamos considerando si dejarlo en tres estrellas. Pero sí, ahí está, nos subimos a bordo del dolmus que nos ha de llevar rumbo a Mesopotamia.

En el trayecto, alguien consulta la guía y da el dato: ‘están construyendo una presa justo en Hasankeyf, que lo va inundar todo’. ¿Será este otro de esos trayectos al más puro estilo topanista? ¿Tendremos que contratar botellas de oxígeno y aletas para visitar la ciudad? Neopreno ni locos, son las doce del medio día y ahí afuera debe de haber 39 grados a la sombra. Con algo de retraso, llegamos al encuentro del valle del Tigris, excavado sobre los contrafuertes de las montañas que dejamos atrás, y ya vemos esas cuevas excavadas en las rocas, producto del ingenio y el tesón humanos.

-Solo tenemos huevos y carne. Aquí sólo servimos desayunos, no hay nada más.

Nos instalamos en un área de servicio a lo turco justo a la entrada del pueblo, bajo una carpa que a duras penas detiene la tormenta de radiación solar que se nos viene encima. Mientras preguntamos los horarios para salir de aquel horno, al guía de la oficina local de turismo le ha sobrado tiempo para acoplarse al grupo y enseñarnos la colección de folletos que el Comité Stop Represa del Tigris ha editado a todo color, con todo lujo de detalles y recreaciones fotográficas sobre los efectos devastadores de esa nueva obra humana, decenas de siglos después.

Llega la sopa de aceite con tropezones de vaca y huevo frito, que devoramos sin ayuda de cuchara ni nada. Después del té, algún valiente siente la llamada de la Historia y se pone épico, a pesar del termómetro:

-Pues yo voy a bautizarme en esas aguas, al fin y al cabo aquí empezó todo.

La expedición se mira, se da cuenta de dónde y ante qué se encuentra, y acepta el desafío de refrescarse los pies en el Tigris. Bajamos la cuesta polvorienta y en menos de lo esperado estamos cruzando una frágil pasarela de madera, que nos lleva hasta una especie de jardín de té playero, semisumergido en el lecho del río. De fábula, oiga, hasta nos han puesto un servicio de peeling con unos pececitos carnívoros, que nos hacen saltar de la silla de plástico a cada segundo con cada bocado mal medido.

Detrás de nosotros llegan otros viajantes y lugareños algo más tarde, y cedemos las instalaciones para partir a conocer ese pequeño museo al aire libre sentenciado a muerte. Mezquitas, hamames, cuevas trogloditas y tiendas de souvenirs desaparecerán bajo las aguas. Las familias celebran sus últimas meriendas a orillas del Tigris, los padres pescan con sus hijos y los adolescentes matan el inacabable tiempo de verano a pedradas contra el agua. El progreso a veces podría quedarse en casa, no entendemos que quiera acabar con aquel lugar para siempre, si el mismo progreso salió de allí hace tanto tiempo.

Por fin regresamos y nuestro amigo del Comité antirepresa nos espera para asegurarse que tomamos el autobús correcto hacia Mardin. Llegamos a las mil y encima el taxista que improvisa el conductor con su ayudante, no quiere atender a las indicaciones de nuestro gps. Antes de dejar el taxi atrás, medio Mardin se ha enterado de que vamos al hotel Kasr-i Abbas, aunque nadie sepa dónde está exactamente. De repente, tiramos de comodín y Alá nos manda un par de almas caritativas para conducirnos entre las callejuelas de la ciudad hasta la puerta de nuestro alojamiento.

-¿Reserva?¿Qué reserva? Era mañana. Espere ahí, llego en cinco minutos.

Conseguimos franquear la puerta de nuestro palacio particular y caer rendidos en nuestra cama. Mañana, día libre en Mardin.

Anuncios

Un comentario en “Hoy cruzamos el Tigris

  1. Me encanta ese jardín de té con peeling de pececillos! Joer, o sea que habéis sido uno de los últimes visitantes de un mundo a punto de desaparecer bajo las aguas… Cuánta nostalgia!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s