Lección de historia bajo el sol

 

IMG_5439

Ani fue la antigua capital de Armenia, una ciudad que durante siglos rivalizó con la mismísima Constantinopla en medio de la ruta de la seda. Un terremoto y los cambios comerciales de la época, la redujeron primero a escombros y luego a un erial, del que a penas emergen algunos edificios en ruinas. Al otro lado de la inmensa falla, nos miran las torres de vigilancia de la guardia fronteriza de la moderna Armenia. Eso que tenéis delante, amiguitos, era el telón de acero, mucha historia ha pasado por aquí, aunque ahora sólo nos la puedan contar las piedras.

El funcionario nos pregunta desde el interior de su garita de plástico cuántos turistas somos, para vendernos los correspondientes billetes. Hemos llegado en un par de taxis que nuestros recepcionistas nos han gestionado diligentemente. Antes de salir, hemos conseguido dejar toda la ropa sucia en la lavandería de Kars, así que la sensación de tenerlo todo encarrilado nos llena de profunda satisfacción.

-Two o’clock, my friend -nos dice el más espavilado y que hace de portavoz del dúo dinámico-.

Eso quiere decir que tenemos toda la mañana para recorrer bajo una solana importane lo que fue la gloria de aquellas interminables estepas, todavía verdes en plena canícula. Como quien degusta un helado, vamos de punto a punto, deteniéndonos en cada uno de los vestigios, buscando el frescor de las piedras de basalto negro y rojo. Nos llama la atención el generoso caudal que inunda el desfiladero que nos separa del país vecino, cientos de metros más abajo. Hay incluso algún conato de descender a remojarse los pies, prueba de que el sol nos está dando realmente fuerte en la cabeza.

Nuestra guía selyúcida nos va leyendo en cada etapa, contándonos todo lo que sabe la Sra. Planet sobre cada uno de los edificios. Poco a poco, completamos el circuito, impresionados por todo lo que fue aquel lugar, y a la hora convenida llegamos al encuentro de nuestros taxistas.

Comemos y damos tiempo libre para los asuntos de cada uno, como por ejemplo recuperar toda la colada. El consejo de ancianos discute la ruta a seguir los próximos días, parece que nos dirigiremos hacia el sur y luego hacia el oeste. Por la tarde, nos damos a la arquitectura que los camaradas del Báltico trajeron por estos lados cuando los zares mandaban en Kars. Esta es una ciudad que parece transformarse: por el día parece una versión moderna del Far West, y por la noche la gente ocupa las calles en terrazas, jardines de té y restaurantes, para fumar pipas de agua y comer pipas de girasol, o hacen una parrillada junto al río, mientras discuten de todo y de nada. Paseamos hasta que entramos en uno de esos edificios bálticos hecho restaurante, y nos acomodamos en su patio.

-¿Echamos un piti, chicos?

Nuestra amable restauradora nos enseña cómo se come el plato tradicional, la enésima reinterpretación del cocido y de l’escudella i carn d’olla, una cazuelita a base de cordero y garbanzos. Nos interesan más los dolmades, y aunque la sopa no está tan conseguida como la de anoche, salimos más que satisfechos. Antes de dormir, unos visitan el hotel que Pamuk eligió para la novela que lleva el nombre de la ciudad, aunque el Nobel no levanta pasiones precisamente en la ciudad. Otros se regalan la última baclava tomando la fresca en Kars.

Mañana partimos hacia Dogubayazit, hay que descansar.

Anuncios

Un comentario en “Lección de historia bajo el sol

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s