¿Cuánto falta para Ouagadougou?

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El socio con el que Fousseni nos ha enviado a Lomé parace querer extorsionarnos justo al entrar a la ciudad, aunque rápidamente descubrimos que se está confundiendo de estación donde dejarnos.

  • Nada de 5.000 FCFA más, sigue recto, nosotros te indicamos, está aquí al lado.

Circulando algunos kilómetros por la ciudad casi desierta, damos con la estación de bus. Bueno, ahora sólo hay que esperar 3 horas hasta que salga, esto está chupado. Luchamos contra los que se había acomodado en los sillones y nos hacemos un sitio para dejar pasar todo ese tiempo en condiciones semi-humanas. No es ningún capricho, parece que tenemos una baja de nuevo en la expedición.

  • Señores y señoras, el bus con dirección a Ouagadougou ha tenido una avería cuando venía hacia aquí. Hemos enviado la pieza de recambio en otro bus y esperamos que hacia las 6 de la mañana podamos salir.

La sala de espera no puede creerse lo que escucha de boca de aquel encargado. El sueño y el cansancio impiden un intento de linchamiento, así que todo el mundo asume su destino, se da la vuelta y sigue intentando dormir, arrullados por el tercer pase consecutivo de una película cursi francesa y por el resumen de la liga de fútbol. A las seis, ver para creer, aparece el bus y logramos introducirnos en él.

Lo siguiente son horas, muchas horas, dormitando, mirando el reloj del piloto cómo descuenta kilómetros y minutos insoportablemente lento, mientras el paisaje pasa por la ventanilla, comiendo plátanos para engañar al hambre. Llegamos a la frontera y despachamos los trámites con relativa agilidad. Aún así, son las 6 de la tarde y queda medio país por recorrer. Encima, el atentado de esta semana ha activado todas las alarmas y a los ya habituales controles, se les han añadidos más altos en el camino. Bajar, subir, bajar, subir. Fútbol Club Barcelona o Madrid? Messi o Cristiano? Los policías nos interrogan sobre la liga mientras escrutan con su linterna nuestros pasaportes una y otra vez. Al comando guarreras alemán, que no lava esos pantalones de mugre desde que salió de Sttutgart o Hamburgo, no les hacen preguntas así: es lo que tiene no pasar nunca de seminifinales de la Champion.

Por fin, casi a media noche, llegamos a Ouagadougou, totalmente acabados. Rafael, nuestro ángel de la guarda local, viene a buscarnos y nos deja en nuestra base logística en la ciudad. Ha sido duro.

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