El guía no está incluido

Los componentes del comando turístico nos esperan apostados a la puerta del hotel, diez minutos antes de la hora convenida, con puntualidad musulmana. El intento de la noche anterior no ha surgido efecto, el precio se mantiene incorruptible. Es más, en base a la segunda ley fundamental de Burkina Faso, el precio del guía no está incluido en el precio general, y hay que volver a negociar con el interesado a cuánto ascienden sus honorarios. Después hay que volver a negociar adónde vamos, porque tampoco parece haber quedado claro.

– A Sindou, no se hable más.

Nos esperan tres horas de traqueteo en nuestra furgoneta bólido, que calculamos hizo la revolución con Sankara en los felices ochenta, por la carretera que se dirigen hacia Costa de Márfil. Vamos entrelazados con la vía del tren, cruzándola una y otra vez, esperando ver uno de esos trenes que se lleva el azúcar que producen el mar de caña que nos rodea la mayor parte del camino.

Cada cuarto de hora, unos señores uniformados con aspecto de haber hecho también la revolución o algún golpe de Estado, nos hacen a un lado del camino y nos piden la documentación de nuevo, comprobando que a pesar de colaborar con la comunidad musulmana de Bobo, no tenemos nada que ver con la yihad. Por fin, llegamos a Sindou, algo así como el Montserrat regional, al que por supuesto hay que pagar para entrar y, novedad en las reglas turísticas hasta ahora conocidas, para tirar fotos también.

Aquí llegaron los primeros habitantes de la zona, huyendo de la guerra. Pero los restos que van a ver son de una película famosísima en Burkina Faso, seguro que la conocen. Iba a quedar la primera de nuestro festinal nacional de cine pero los interesese políticos la dejaron en segunda posición, lo cual tampoco está nada mal.

Nuestro guía local, tocado con un gracioso sombrero, se esplaya con la historia de sus ancestros, enmedio de aquel circo de picos del Precámbrico, formando una inexpugnable fortaleza a nuestro alrededor. Cuando acaba, nos conduce de vuelta al campamento, donde nos instalamos a dar cuenta de la provisiones compradas días atrás, en cierto mal estado.

Proseguimos camino, en busca de los hipopótamos del lago. Pasamos por caja, por supuesto, pero esta vez hay piragua incluida. Un equipo de grumetes nos coloca unos chalecos salvavida tamaño infantil y nos dirige hacia las canoas, después de haber achicado todo el agua. Cuando cargan a todo el equipo, optan por quitar algo de lastre y movilizar una segunda canoa, en busca del hipopótamo perdido. Salimos, por fin, entre nemúfares, oteando el horizonte. La primera unidad no parece tener éxito en su búsqueda, así que el gondolero que nos acompaña se ahorra el esfuerzo de llegar hasta la otra orilla.

– No estamos obligados pero si quieren podemos ir remando hasta la otra parte del lago para buscar al hipopótamo, y darles así un buen servicio.

No hace falta, maestro, llévenos a tierra antes de que esto se hunda, no tentemos más a la suerte. Además, todavía hay que ir hasta las cascadas a echarse el chapuzón del día. Una hora después llegamos y, por tercera vez en el día, intentamos una rebajita en el peaje.

– ¿Tres niños? Yo no veo ningún niño, lo que veo ahí dentro son todo adultos.

No cuela, la gente aquí con catorce años ya tiene prole. Bien, paguemos y bañémonos ya. Seguimos a nuestro intrépido guía por las rocas hasta que llegamos al balneario, cuando ya queda poco para que el sol se esconda. A pesar de las aguas turbulentas, a causa de la lluvia, nos zambullimos sin dudarlo y retozamos hasta que Dokal, sentado en la orilla rocosa, se enciende su segundo Hamilton. Hay que ir volviendo, el camino a casa es largo.

Les ahorro la desagradable discusión sobre si la gasolina estaba pagada o no, y si había quedado claro o no cuál era el recorrido del tour. Por una vez en todo el día, no tuvimos que pagar más. No, perdón, pagamos la cena y una ración doble de patatas fritas olvidada en la cocina, en el único restaurante abierto a última hora de la noche, para evitar que lo hiciera como castigo la exhausta camarera.

Todos a dormir, la fatiga nos inunda, mañana día de descanso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s