Very Important Passengers

Jornada de transición en el viaje. Volvemos por la mañana a que Robob, que no es la empleada precaria de míster Akbar sino su mísmisima mujer a cargo de dar el rancho a sus viajeros, nos ponga el desayuno. Se nos ha acoplado un elemento finlandés que no sabemos dónde tiene el botón de apagado y que de buena mañana empieza a largar sin solución de continuidad. Por fortuna, el escandinavo es programable y en el taxi que nos lleva de vuelta a la estación de Kerman, logramos que hable de cine y no de lo amazing y awesome que es todo desde que salió de Helsinki.

En la estación le damos el esquinazo, habiendo pagado su parte del taxi, en un trasbordo impecable que nos coloca en un VIP (Very Important Passenger) Bus hacia Shiraz. Ocho horas que ocupamos en leer e ir agotando las existencias bibliográfica de la mochila, mientras el desierto se va convirtiendo en valles repletos de melocotoneros. Al final del camino, una especie de lago evaporado nos da la bienvenida a Shiraz.

Estiramos las piernas y nos regalamos una cena con música en directo. La versió local de los Panchos toca tan fuerte que no entendemos las instrucciones del camarero con aspecto de mayordomo de película de miedo de serie B, acerca de cómo proceder con el plato típico que nos acaban de servir. Ni corto ni perezoso, nos prepara el platillo, excelente como casi todo en este país, del que damos buena cuenta.

Poco más, estimado público, mañana a descubrir Shiraz.

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