Hoy cruzamos el #Potomac

noria potomacSábado, por fin. El camino de cada día a la escuela, por entre los bosques del DC está muy bien, muy bucólico y todo lo que queráis, pero también nos cansa un poco, necesitamos nuevas emociones. Nos levantamos a la hora que nos da la gana, desayunamos y, un días e un día, bajamos por las escaleras mecánicas del búnker hasta el metro. Hoy tiramos la casa por la ventana, venga. Conseguimos recargas nuestras tarjetas de transporte y tomamos el primer convoy hacia Alexandria, bajando el Potomac hacia el Sur.

La ciudad souvenir nos abre sus brazos, paseamos por sus calles llenas de anticuarios, peluquerías y heladerías. Hágase las uñas por 20 pavos, señoras. Pero las señoras no han venido a hacerse la manicuras hasta aquí, ¿no lo entienden? Ellas y nosotros nos paseamos arriba y abajo, recorriendo la ribera del antiguo puerto colonial, con el Capitolio al fondo del espejo de agua, y detrás uno de esos puentes para ríos de verdad como este. Contemplativos, dejamos pasar el día, admirando los barcos de vela y las reproducciones de las embarcaciones con las que Tom Sawyer se hizo famoso.

Una pizza, va, un día es un día, ya está bien de asaltar los supermercados y las ofertas de dos por uno. ¿Cómo que no funciona la tarjeta? Pues no hay otra, ¿me la deja que vaya a sacar dinero del cajero? Momentos de pánico, recordando ‘La Cabina’, la puerta de salida no se abre, uno imagina la familia, esta vez sí, lavando platos lo que queda de tarde.

Bueno, y de vuelta a casa, pues habrá que hacer lo que nos han dicho, hoy cruzamos el Potomac:

– Un adulto y dos niños en el ‘Taxi a Virginia’.

– ¿Al National Harbor? ¿Sólo ida?

– Por supuesto.

Con ese nombre, uno se imagina que va a llegar a algún embarcadero insigne en medio de la capital. Coño, ¡qué buen plan! ¡Y además barato! Mientras bajamos la corriente hacia el mar, una señora nos atornilla desde el altavoz de cubierta vendiéndonos las excelencias del nuevo Hotel Gaylord. El puente se hace cada vez más grande y el trayecto de los taxis de vuelta nos pone la mosca detrás de la oreja. Ya decía yo que estos tipejos nos llevaran a casa tan fácilmente. Muy bonita la noria, el parque de atracciones y el atardecer sobre Virgina, sí:

– ¿Y sabe usted si hay algún autobús para volver al DC desde aquí?

Afortunadamente, google se apiada de nosotros y nos muestra el camino. Hora y media de después, atravesando los suburbios de la capital, nos plantamos en casa. Home, sweet home. Mañana más travesías.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s