Remanso de paz

Días de largas conversaciones, de paseos junto al mar, admirando la arquitectura del imperio que fue y los almacenes de baratijas del que viene del sol naciente; viendo cómo se pone el sol al otro lado de la bahía, sacando fotos de cualquier rincón, descubriendo estatuas de líderes revolucionarios y descubridores caídos en el olvido. Hasta un cumpleaños y una barbacoa dominical, y un concierto en la playa con el club de fans local de Nirvana embutidos en un coche, con final maquinero. Algo de paz al trajín viajero, aunque no lo crea el lector, mañana volvemos a la carretera, ya de camino a Maputo.
Esta mañana, excursión a la otra orilla, inmersos en el despertar colectivo de la ciudad. El embarcadero se convierte en una pasillo de metro con olor a salitre, a primera hora de la mañana. Por supuesto, nos equivocamos de barco, el de al lado sale antes, pero con paciencia llegamos a Maxixe, donde buscamos por la carretera a nuestros primeros entrevistados.
Los segundos nos vienen a buscar a la ciudad, después de dar cuenta de un té. Más preguntas, más respuestas, incluso agradecimientos por aprender en su primera evaluación. ¡Qué tierno! Por estas cosas vale la pena hacerse evaluador.

Volvemos al mar y a la otra orilla en el “Amor de Mae”, pacientemente, como el ritmo de Inhambane. Mañana quedará atrás, con sus barquitos de ensueño y su dilatante existencia. Até ja!

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