Deep in the ground

Después del frío nocturno, siguió la lucha cuerpo a cuerpo con el catre de campaña. Esta vez le dio por romperse en medio de la noche, con lo que la posición durante largas horas fue de todo menos horizontal. Además, uno crujidos metálicos amenazaban a cada momento con mandar todo el tenderete al traste, con lo que el frío pasó a un segundo plano, no por ser menos intenso.
Pero al final también llega el alba, es lo bueno de que la Tierra no deje de girar. Hoy innovamos gastronómicamente, introduciendo en la localidad el concepto de pan tostado, con sal y aceite de oliva, lo que nos ha hecho comenzar el día mucho mejor que lo que acabó la noche.

Vamos andando a Maxaila, porque tenemos cita con el poder popular para discutir de nuestras cosas a la sombra de un árbol. Antes rendimos pleitesía a uno de esos funcionarios, o xefe da localidade, uno de esos personajes que durante todo el día parecen acabarse de levantar en ese momento. Como la locuacidad no es lo suyo, abandonamos rápidamente el interrogatorio topanista, aunque nos da algún dato interesante sobre los planes de futuro de la administración local al respecto del agua.

Ya con la comunidad, visitamos la gran laguna de agua adonde las mujeres acuden a abastecerse:

– La hizo un mulungo (blanco), portugués, en el año 1959. La limpiamos en el 2001, y no hemos vuelto a arreglarla. Pero sigue siendo mejor que los pozos de agua mbaava (salada), y además gratis.

Los mulungos modernos seguimos haciendo pozos de los que sólo sale agua salada, y encima pretendemos que los vecinos paguen y nos enfadamos si no lo hacen. Creamos y porfiamos con comités para gestionar algo que no sirva para nada, revisamos nuestros manuales y teorías del desarrollo, mientras nuestros queridos amigos nos miran con una sonrisa de medio lado y una paciencia tan infinita como el tiempo y el mato.

En Mapungane las mujeres parecen hacer castillos en la arena, al lado de sus huertas, cuando lo único que buscan es agua, para seguir produciendo esa comida de mulungos que tanto les gusta. Bueno, ya no hierven las lechugas antes de comérselas, y adoran los tomates. Después de hablar con nuestras amigas productoras, las única que parecen trabajar en este país, volvemos a nuestra base.

Arroz con frijoles criollos, que superan nuestro pan con aceite, por supuesto, y a contemplar las estrellas.

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