Zoo ecuatorial

La expedición topanista en busca de Eldorado petrolero, ya está en marcha. Alojados en el insigne Hotel San Fermín, justo frente al Banco de Pichincha, donde la gente hace cola desde las siete de la mañana para pagar sus recibos de todo tipo, no tiene pérdida en esta réplica del lejano oeste, versión amazónica.
Nuestra agenda de visita y entrevistas está lista:

– Hagamos la entrevista esta tarde mientras les acompaño al zoológico, antes de que la Sra. Alcaldesa vuelva de Quito.

El licenciado no consta en la tripulación del pick-up que viene a buscarnos horas después, se ha cruzado en nuestro camino una llamada del Alto Mando. Los planes y los cronogramas empiezan a torcerse. Pero para eso estamos, para adaptarnos a ellos, como la selva se come los desastres humanos.

– Cuando mi mamá era pequeña, el Coca era todo agua, hasta la rodilla. Los indios Waorani salían con lanzas al otro lado del río a recibir a los que se adentraban en las profundidades de la jungla.

Nuestro zootécnico de cabecera nos enseña el zoológico-residencia de animales inválidos, con su repertorio de chistes no aptos para mayores de edad. Podríamos haber traído a la prole de haberlo sabido.

Paseo por los arrabales arrebatados a la naturaleza y hechos civilización de dudoso gusto, una hamburguesa sencilla con una Pilsener, y poca cosa más. Somos presa fácil del jet-lag y nos entregamos a los brazos de Morfeo sin fuerzas siquiera para escribir esta crónica.

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