Persona non grata

La ciudad siempre tiene sorpresas y secretos rincones que ofrecer a sus habitantes. Ahora que se ha puesto de moda el turismo interior, interior de no salir de los límites que marcan la autopista de circunvalación, ¿por qué no unirse a esa ola de reconocimiento de los encantos municipales? 
Ataviados con la última moda de Decathlon, perfectamente confundidos entre la multitud de castigados este año sin viaje a las Molucas, nos instalamos en nuestra playa, esperando que todo el mundo recuerde que el cine de verano funciona exactamente igual que aquellos a los que íbamos y había que pagar. No se puede hablar y conviene sentarse para que el resto del auditorio disfrute también de la película. Pero no, la gente queda “dentro del cine” y no “en la puerta” con lo que el rosario de despistados se une al ejército de barmans de lata en mano. 
Conseguimos ver la peli, después de dos cortos dirigidos por el primo del proyectista, si no no se explica su aparición en tan magno evento. Decidimos refrescar el gaznate y buscamos infructuosamente una chiringuito sin vistas al Camp Nou, donde ponen “El Día de la Marmota”, ¿se acuerdan? Gran película, aquella que siempre pasaba lo mismo, día tras día. 
El gobierno de la ciudad ha decidido controlar nuestro gasto alcohólico, a ver si conseguimos ahorrar algo e ir ni que sea a Mallorca el año que viene, así que todas las terrazas cerradas a las 12 p.m. Una luz violeta aparece entonces en la lontananza y nos dirigimos hacia ella, como Hansel y Gretel. Una hermosa bruja nos detiene cuando abordábamos el ascensor hacia la planta 25: 
– A partir de las nueve, hace falta pantalón largo y zapato cerrado. No pueden pasar.
Me encanta volver a sentirme un adolescente que no puede entrar en la discoteca de moda porque su calzado no se adapta a los cánones de lo “cool”. Este rincón queda para otra ocasión, Gretel, con lo guapa y “fashion” que tú ibas. 
Suerte que han habilitado un rincón para la gente no tan “nice”, donde otra brujita nos da de beber hasta la una de la mañana. En esta cabaña, al final del camino del bosque, hay otras reglas, y tú sin saberlo.
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