Nipomatón con arabescos

Usted no los distinguirá de los de mentira, pero son los de verdad. Aquí tiene a la auténtica camada leonina de la Alhambra, en el patio que recibe su nombre, claro. Los turistas nipones, recién llegados directamente desde el país del Sol Naciente, los ametrallan, en ordenada fila, con sus cámaradas. No sé cómo sería el volumen de fotos cuando había que cargar las cámaras con aquellos carretes de 35mm, de los que siempre se sospechaba que estaban mal puestos, caducados o velados; pero ahora es simplemente infernal: en todas la posiciones, adelante, atrás, con todas la combinaciones posibles de los miembros del vuelo chárter Nagasaki-Granada, posando en cada ángulo y enfoque. Cada chorrito de agua, cada cenefa, cada columna, cada cartel de no fumar. Vinieron hace diez años a hacer el mismo reportaje con los leones de mentira, y una vez restaurados, completan su sesuda labor turístico-documentalista con un nuevo reportaje de las centenarias esculturas.
El resto de hordas, sin tanta profesionalidad, pertrechados de sus audioguías y arrastrando a sus propias camadas devorando bocadillos de foie-gras (es la hora de comer, había que entrar todos de golpe a las 14h, puntuales en la puerta, por favor) se desparraman por tamaño monumento. Hay que esperar que pase la marea humana para volver a advertir la belleza del lugar, aun a riesgo de perderse:

– Se nos han acabado los planos, pero puede usted encontrar seguramente en el Palacio de Carlos V.
– ¿Y cómo llego allí sin plano? ¿Tienen libro de reclamaciones o se les han acabado las hojas también?

Sin más documentación que las entradas que hemos conseguido en las máquinas automáticas (esas que la gente que hace cola ante las taquilla mira con incredulidad durante la media hora que está de pie), nos conformamos con las explicaciones que nos dan a cuenta gotas, reservadas para “el sitio del mes” o “la planta de la semana”. Es un truco, seguro, para comprarse una audioguía, y no cedemos al chantaje recaudatorio.

Al final, misión cumplida, hemos visto a los leones de verdad. Mañana llegamos a casa, dejando el Sistema Penibético a nuestras espaldas e implorando que el sirocco saharaui se vuelva por donde vino. Se acaba así el periplo serrano, fue un gusto retransmitirlo, que ustedes lo hayan disfrutado tanto como nosotros.

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