Sobremesa montañesa

¿Es valenciana o cántabra la paella?
Tengo mis dudas, hablemos. Ponme otro gin-tónic.

Así empiezan o se realimentan las sobremesas en este recóndito lugar de la cornisa cantábrica adonde hemos venido a refugiarnos de la prima de riesgo y de las bajadas del IBEX. Mientras la patria se desangra en movilizaciones, protestas, confabulaciones y contubernios más o menos revolucionarios, el personal se deleita aquí con larguísimas conversaciones observando las montañas en la lontananza, mientras los cachorros se dedican a diezmar la población de renacuajos de las fuentes próximas.

Nada que contar, está todo dicho en cada una de esas conversaciones concatenadas, en cada nuevo gin-tónic que se sirve, en cada tapita de quesuco o de chorizo. Desayuno, comida, cena, suficiente rutina como para olvidarse del mundo y de sus vaivenes. Una paella para recordar el Mediterráneo, pero de momento que no nos espere para cenar seguimos recluidos aquí, en nuestros ejercicios espirituales.

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