Casa Dios Revolution

Cuando uno intenta cenar de manera civilizada en Pamplona, en la primera franquicia culinaria italiana que encuentra a su paso, se da cuenta de por qué un puñado de pioneros puede dejar la ciudad en un momento dado, y largarse a las montañas a refundar la civilización, pero a su manera.
Puestos a pedir, se podrían haber ido algo más cerca, porque visitarles se convierte en un auto de fe, con mapa del tesoro incluido. Pero se acaba llegando a Aritzkuren, que en euskera debe de querer significar, Allí donde Cristo perdió la alpargata sobre todo si vas en un carruaje de esos con solera, de los que pone la provincia natal en la matrícula.
¿Lavadora o nevera? ¿Qué pondría nuestro querido lector/a si sólo dispusiera de un puñado de kilovatios? Como en los concursos, hay que elegir, no se puede tener todo en esta vida (alternativa). Lo que si pusieron aquí fue un K.K. Leku insigne, como muestra la imagen, para empezar a hacer bien las cosas, en el mundo y todas la mañanas. Fundamental la escuela donde los cachorros aprenden el qué y cómo les da la gana, toda una declaración de principios. Espectacular la sauna en medio del bosque, hecha con lonas y herrajes de algún camión que no llegó sano y salvo hasta esta Arcadia montañesa.
En cualquier caso, un soplo de lucidez en medio de tanta absurdidad. ¿Un plato de pasta por quince euros? Viva el cámping-gaz, Aritzkuren aurrerá!

Mañana etapa artística: nos vamos a ver el Guggenheim y nos cambiamos de cordillera, hacia el Cantábrico.

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