It’s a pink life!



La verdad es que Corfu no empezo con demasiado buen pie. En el anuncio del hospedaje contratado, indicaba claramente que alguien estaria esperandonos en el puerto. No esperabamos la calesa al fondo de un alfombra roja, que nos transportara hasta nuestro rincon mediterraneo, como hiciera Sisi emperatriz, pero por lo menos una senyal. Con suerte, logramos salir de la terminal del ferry y encontramos la de autobuses. Antes de coger el que nos debia llevar a nuestra ansiada playa de Agios Gordis, al tipo de la cantina le dio tiempo a levantarnos por dos cafes lo que nos costaba comer al otro lado del charco. Echamos de menos Albania al primer bocado que dimos, que para mas inri tuvo que ser en un Pizza Hut, lo mas tipical que encontramos a esas horas.

Despues de un buen rato de bus, avistamos Agios Gordis. “Bonita playa, si senyor. Por cierto, te has fijado en ese edificio todo rosa que acabamos de dejar atras? A saber quien se metera en ese antro”, se oyo comentar en el seno de la expedicion.
Poco minutos despues cruzabamos el umbral de The Pink Palace: el terrateniente local habia fagocitado nuestro modesto albergue y ahora, recien pintado de rosa, tambien formaba parte del emporio turistico local. Una joven pizpireta, tocada con su gorra de guerrillera a tiempo parcial y sus trenzas, nos explicaba con su acento de Arkansas como funcionaba el garito. Por supuesto, nos ofrecio un brevaje rosa, argumentando que era la bebida local, el cual rechazamos amablemente. La experiencia es un grado, senyores.
Quizas ahi estuvo el fallo: al no tomar la fatal droga, no sentimos la vibraciones que emanaban de aquel templo y de la secta rosa que albergaba. Asi que cuando nos exigieron pagar en el acto, sin esperar al ultimo dia, nos parecio raro. Tambien cuando nos indicaron que seria un 5% adicional al pagar con visa. Pero no acabo ahi: querian que les dejaramos nuestra documentacion en prenda, incluso antes de darnos la paliza para encontrar el unico cajero en la playa.
– Pero por que no me lo quieren dejar? -dijo en su acento de Nebraska- Les aseguro que nadie se lo va a pedir en la isla. Ademas, llevan consigo su pasaporte tambien, no es asi?
– Porque las leyes de la UE son claras al respecto, todo el mundo debe lleva consigo su documentacion.
– Lo unico que les puedo decir es que las reglas de The Pink Palace son esas. Hablare con mi jefe.
Las reglas, exacto, las reglas del jefe. Si sales con las sabanas de la habitacion, son 30 euros de multa (no entendemos para que vas a salir con el cojin por la puerta). La cena esta incluida, pero no te dan ni un vaso de agua, hay que pagar la bebida aparte (no intente usted llevarse una botellita llena de agua de la habitacion, The Pink Palace Boss ya ha provisto que solo salga agua caliente de los grifos del lavabo).
En el comedor, un grupo de incautos, abducidos por la secta, va y viene de la cocina al salon, transportando como zombies bandejas de comida a los futuros miembros. Por orden estricto, que impone otro abducido, el personal se sienta y contempla el atardecer rosa, a juego con las paredes del salon, las escaleras, el escenario, el tunel que nos ha conducido hasta aqui desde el edificio principal y, por supuesto, nuestras pulseras que nos distinguen del resto de los mortales. Solo nosotros tenemos derecho a utilizar el paraiso en la tierra, ensenyando previamente nuestra tarjeta rosa a cualquiera de los abducidos que nos la reclame.
Creo que tuvimos que tomar aquel brevaje para disfrutar plenamente de nuestra estancias. Se referira a eso el maestro Jose Velez en su celeberrima creacion?

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