La Montaña Mágica

Iñaki y Patxi decidieron ir a tomarse un café con Josu, que trabaja en la estación meteorológica, según se pasa el glaciar de Gergeti, a mano izquierda, justo debajo del Monte Kezbek, que está por encima ya de los cinco mil metros.

– Oye, Josu, nada, que no teníamos nada que hacer y vamos cómo está el hielo por allí. Vete preparando el café que estamos ahí en un rato, que si tardamos es porque Patxi va haciendo fotos.

En manga corta y con las zapatillas de andar por casa (el día anterior hubo un conato de hacerlo en mocasines) se fueron, con lo puesto, caminito arriba. La verdad es que, si no eres de Barakaldo, te lo preparas mejor: unos crampones, unos palos de esos de esquí, la vajilla de la abuela, la tabla de planchar, nunca se sabe qué puede hacer falta allí arriba. En las ocho horas de ida y vuelta, los dos forofos del Atleti vieron pasar más bultos que por la frontera de Pasaia. Pero, total, para tomarse un café con Josu, tampoco hay que hacer un drama, ¿no? Aunque luego hay algunas (que no se entienda como un comentario machista), en un ejercicio topanista de luxe, que deciden subirse con el ajuar a hombros y bajarse el mismo día, sin quedarse a dormir con el bueno de Josu, a la fresca del glaciar.

La montaña mágica, después de haberla casi tocado con los dedos, nos dejó ver su rostro muchas horas después. Impresionante, realmente hay que ser del mismo Barakaldo para llegar a superarla y subir a su cima. Desde un lejano café en Kazbegi y con las rodillas y los pies seriamente tocados por la cronoescalada, apurábamos la tarde viendo entre las nubes toda su inmensidad. Temíamos por los que nos habíamos ido encontrando ya a la bajada, que trataban de ascender con todo su equipo, recién comprado en la sucursal de Decathlon de Tel-Avi o de Varsovia, ignorantes de lo que le iba a hacer sudar el camino.

Devoramos otra suculenta cena a sus pies, sopa, por favor, pensando ya y apesadumbrados por dejar atrás semajante rincón del mundo. Mañana volveríamos a Tblisi y de ahí hacia Turquía, pasando por el balneario de los Romanov, en Borjumi.

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