Red, red wine

La cosa tiene potencial, pero no basta. Está muy bien que, Boris, que hayáis inventado el vino, hace unos cuantos siglos por cierto, pero esto hay que mejorarlo. También los ingleses inventaron el fútbol, y ahí les tienes, no ganan nada, ¿desde hace cuánto? Debes comprender que una cosa es el mosto y otra el vino; tienen algo que ver, pero no son lo mismo.
Hoy le hemos dado una segunda oportunidad al vino georgiano, el mismo que servía Marcus en su chiringuito y el que nos coló Boris en su recoquetona terraza en la calle más concurrida de Batumi, a 3 lari el vaso. Ese bar “so cool” con el que cualquier balneario con perspectivas de tener un lugar en el mundo, debe contar. Un lugar donde los pobres guiris podamos recalar y sentirnos lo más molón del mundo, a pesar de nuestra barba de tres día, nuestros pies negros y nuestra insorportable fragancia personal.
Hay que decir que la cosa ha mejorado notablemente, que hay potencial, pero que hay que seguir mejorando, camaradas. Se comprende lo de 40 años bajo el yugo soviético, pero hay cosas que siguen sin cuadrar. ¿Era necesaria la catedral, nueva de paquete, en lo alto de la montaña? ¿Y la pasarela, a lo Calatrava, en medio del río? Pero si no lleva a ninguna parte. Creemos que hay que empezar a plantearse el tema de prioridades, en serio, o un día de estos se nos va a caer la casa o, lo que es peor, se le va a caer a alguno de los mochileros que se esconden en esos encantadores y decrépitos albergues que llenan la ciudad.

Ya hemos descubierto que este es el juego homólogo a las Pasyion turca: “descubra usted en casa y en qué piso, en perfecto georgiano, se halla el albergue”. Por suerte, el de Irina y su matriarcado, fue relativamente fácil encontrarlo, y hemos decidido instalarnos por unos día en la capital georgiana, en esta residencia para viajantes low cost, levantando el turismo georgiano.

Como el vino de Marcus y Boris, Tblisi necesita algunos retoques, pero tiene madera para ser una de esas ciudades con cuerpo y buqué. Como digo, yo no habría empezado haciendo una nueva cúpula de neón en el Parlamento, como la que sale en Mad Max 3, quizás arreglaría antes los barrios que lo rodean, por ejemplo, pero eso ya va a gustos. Tampoco hacía falta embutir 40 bares en la única zona restaurada del casco antiguo, un poco excesivo, la verdad.

Mañana iremos hacia el desierto y la frontera de Azerbaiyán, a darnos un cambio de aire.
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